“EMOCIONES COMUNICABLES” – CONSTRUIMOS LAS EMOCIONES A TRAVÉS DEL LENGUAJE

Partiendo de esta premisa (luego de navegar por internet), me gustaría compartir algunos pensamientos que he podido extraer del artículo “Una mirada a la narrativa científica de la construcción social del amor” de Simone Belli, Rom Harré y Lupicinio Íñigues (Revista “Prisma Social nº 4 – junio 2010 – revista de ciencias sociales).

Partiendo de que expresar emociones significa tener algo en común con los demás, y de que las emociones son narrativas, y relatos de acciones (Oatley y Jenkins, 1992) que cambian a través del desarrollo histórico-discursivo, podemos afirmar que:

Las emociones tienen una fuerte relación con el lenguaje (Kenny, 1963; Harré, 1986, 1989; Armon-Jones, 1986), y que son un proceso de construcción social (Berger y Luckman, 1966), y discursiva, ya que sólo es posible a través del lenguaje (Bax, 1986; Besnier, 1990; Chance y Fiese, 1999; Danes, 1994).

La emoción es social y producida siempre en estrecha relación con el lenguaje y la comunicación (Searle, 1992:248).

La mente es de carácter social, es necesariamente compartida y está acompañada por la semántica. La pragmática lingüística forma parte de nuestro campo de acción. De allí la existencia de la Psicología social y discursiva (Larsson, 1997:20).

El rol de las interacciones verbales es fundamental en la constitución y el surgimiento de lo psíquico sobre todo en la relación entre seres humanos. Realidad muy útil para los líderes sociales/políticos y económicos de la sociedad, para manipular mediante esta herramienta discursiva y llegar a nuestras emociones, modificando nuestro comportamiento.

En las últimas décadas ha surgido lo que denominan “psicología discursiva de la emoción” (Edwards, 1997, 2001). “En la psicología discursiva de la emoción el tema más importante es el uso que se da a las emociones en el discurso, específicamente las acciones y efectos que produce el discurso emotivo en los marcos relacionales” (Buttny, 1993).

“La psicología de la emoción se convierte en el estudio de cómo se utilizan y se hacen relevantes los términos emocionales en el discurso cotidiano”. Edwards (2000, 2001) estudia la inversión emocional en el habla de forma extrema, y considera la construcción de reacciones como reacciones emocionales. El tema de las reacciones emocionales es analizado más detalladamente por Bamberg (2005).

En resumen, podemos afirmar que las emociones tienen una fuerte relación con el lenguaje, y sobre todo bajo el concepto de performance (Judith Butler), el cual según John Austin (1955), significa “hacer cosas con palabras”, es decir que decir algo es “producir efectos y consecuencias en los sentimientos, los pensamientos o las acciones de uno mismo o de los otros.

Butler adopta y extiende la noción de performance porque le importa la fuerza o el poder que estos actos tienen sobre otros individuos y sobre el mismo hablante y, sobre todo, por su capacidad de producir cambios y transformaciones intencionales.

“Las emociones van cambiando en el lenguaje natural y espontáneo de la vida cotidiana. Nuevos términos entran en la arena discursiva gracias a la performance que se ha tratado anteriormente, y van apareciendo nuevos ámbitos. Así, las emociones, empiezan a introducirse en los relatos tecnológicos como una performance más en el habla cotidiana.

Las historias de amor delante de una pantalla plana, están a la orden del día. El concepto de performance relacionado con las TIC produce una nueva narrativa en las ciencias sociales como el techno-disembodiment y la máquina afectiva. Sólo en los últimos años se ha comprendido que las emociones y las nuevas tecnologías tienen una relación muy estrecha, sobre todo en el tema de la afectividad.” (pág. 30).

En la evolución semántica de la tecnociencia, surgen lo que el autor denomina “las emociones colectivas”, donde a través del lenguaje, el concepto de performance nos permite repensar en otros términos las relaciones afectivas y el aspecto íntimo en las nuevas tecnologías (pág. 31 y 32).

A modo de reflexión final, el autor nos exhorta a no regirnos por las emociones, ya que estas “son variables y traviesas, y pierden ímpetu con gran rapidez, ya que tienden a ser desviadas del objetivo inicial a la más mínima distracción (Bauman 2006); y nos aconseja a seguir el consejo de Max Weber (en su obra más conocida “La Ética Protestante y el Espíritu del capitalismo” 1903), donde la razón es el elemento fundamental para la buena sobrevivencia de la sociedad, dado que la razón (a diferencia de las emociones), es una y tiene un única voz.

Una vez más recaemos en la misma conclusión, la objetividad, la autocritica y el análisis concienzudo de los mensajes ha de ser el procedimiento a seguir si deseamos “sobrevivir” sin ser manipulados.

Por lo que luego de investigar, concluyo que los lenguajes de la narrativa que llaman esencialmente a la emoción son aquellos subjetivos y que apelan a los sentimientos, aquellos con los que el usuario se pueda sentir identificado (aunque no sea real el mensaje final), y para ello nada mejor que un buen relato, un buen storystelling… herramienta que como bien hemos podido observar, tanto los políticos, como grandes empresarios y publicistas saben explotar.

Por lo que ante la interrogante inicial, de ¿qué relación tienen los diferentes lenguajes con la parte emotiva/racional del ser humano?, acudo como bien indica la profesora, al libro de D. A. DONDIS, titulado: “La sintaxis de la imagen.” Del cual extraigo las siguientes conclusiones:

La alfabetidad visual implica comprensión, el medio de ver y compartir el significado a cierto nivel de universalidad previsible. Lograr esto requiere llegar más allá de los poderes visuales innatos al organismo humano, más allá de las capacidades intuitivas programadas en nosotros para la toma de decisiones visuales sobre una base más o menos común, y más allá de la preferencia personal y el gusto individual.

Se define una persona verbalmente alfabetizada como aquella capaz de leer y escribir, pero esta definición puede ampliarse hasta indicar una persona culta. La misma ampliación puede hacerse para la alfabetidad visual. La alfabetldad visual, aparte de suministrar un cuerpo de información y experiencia compartida, conlleva una promesa de comprensión culta de esa información y esa experiencia”. (PAG. 114).

El lenguaje es un medio de expresión y de comunicación y, por tanto, un sistema paralelo a la comunicación visual. No podemos usar servilmente los métodos utilizados para enseñar a leer y escribir, pero sí podemos observarlos y aprovecharlos. Al aprender a leer y escribir empezamos siempre por el nivel elemental y básico del aprendizaje del alfabeto. Este método tiene su correspondiente en la enseñanza de la alfabetidad visual. Es preciso explorar y aprender desde todos los puntos de vista de sus cualidades, su carácter y su potencial expresivo cada una de las unidades más simples de la información visual: los elementos. Y este proceso no tiene porqué ser más rápido que el aprendizaje del abecedario. La información visual es más complicada y amplia en sus definiciones y en sus significados asociativos, por lo que lógicamente debe emplearse más tiempo en aprenderla. Sólo al final de un largo período de participación y percepción de los elementos visuales podremos saber qué significa el que finalmente hayamos aprendido todo el alfabeto. Es precisa una íntima familiaridad con los elementos visuales. Tenemos que conocerlos a fondo. En otras palabras, su reconocimiento o su uso hay que llevarlo a un nivel superior de conocimiento que los incluya tanto en la mente consciente como en la inconsciente para manejarlos casi automáticamente. Deben estar allí, pero no intrusivamente; deben ser percibidos, pero no deletreados, lo mismo que ocurre con los lectores principiantes”. (PAG. 115)

La conciencia de la sustancia visual no sólo se percibe a través de la visión sino a través de todos los sentidos y no produce piezas aisladas e individuales de información sino unidades interactivas enteras, totalidades que asimilamos directamente y a gran velocidad a través de la vista y la percepción. Este proceso desemboca en la comprensión de cómo se produce la organización de una imagen mental y la estructuración de una composición y de cómo funciona una vez producida.

Todo este proceso es aplicable a cualquier problema visual”. (PAG. 115/116)

Gran parte del control sobre los resultados finales está en la manipulación de los elementos por el complicado mecanismo de las técnicas visuales. La familiaridad a que se llega gracias al uso y la observación de cada una de estas técnicas libera la amplia gama de efectos que hace posible su gradación sutil de un extremo a otro. La gama de opciones es enorme; las elecciones múltiples”. (116)

Es preciso que los educadores respondan a todos los que necesitan ampliar su capacidad para la alfabetidad visual. Y ellos mismos deben llegar a comprender que la expresión visual no es ni un pasatiempo ni una especie de magia mística y esotérica. Entonces existirá una clara oportunidad de introducir un programa de estudios que considere personas cultas a las que estén tan visualmente alfabetizadas como hoy lo están verbalmente.(116)
El tiempo y la participación, el análisis y la práctica, son necesarios para unir la intención con los resultados, y ello tanto en el modo verbal como en el visual. En ambos casos tenemos una escala para establecer diferentes puntuaciones, pero la alfabetidad significa en último término capacidad de expresarse y comprender, y esta capacidad, sea verbal o visual, puede ser aprendida por todos. Y debe serlo
”. (PAG 117)

Esta participación, esta necesidad de superar las limitaciones falsamente impuestas a la expresión visual, es absolutamente esencial para conseguir la alfabetidad visual. Un primer paso imprescindible es abrir el sistema educativo para dar entrada a la alfabetidad visual y responder a la curiosidad del individuo. Y esto está al alcance de cualquiera que sienta la necesidad de ensanchar su propio potencial de goce de lo visual, desde la pura expresión subjetiva a la aplicación práctica” (PAG. 117).

Sólo los visualmente cultivados pueden elevarse por encima de las modas y enjuiciar con criterio propio lo que consideran apropiado y estéticamente placentero. A un nivel ligeramente superior de formación, la alfabetidad visual permite un dominio sobre la moda, un control de sus efectos. La alfabetidad implica participación y hace de los que la han alcanzado observadores menos pasivos. En efecto, la alfabetidad visual excluye el síndrome de las ropas del Emperador y eleva el juicio por encima de la mera aceptación (o rechazo) de una formulación visual sobre una base puramente intuitiva. La alfabetidad visual significa una mayor inteligencia visual”. (PAG. 117)

Una mayor inteligencia visual implica una comprensión más fácil de todos los significados que asumen las formas visuales. Las decisiones visuales predominan en gran parte de nuestros escrutinios y de nuestras identificaciones, incluso en la lectura. La importancia de este hecho tan simple se ha menospreciado durante demasiado tiempo. La inteligencia visual incrementa el efecto de la inteligencia humana, ensancha el espíritu creativo. Y esto no sólo es una necesidad sino también, por fortuna, una promesa de enriquecimiento humano para el futuro”.(PAG. 118).

Si podéis leedlo… no tiene desperdicio…

Saludos!

Fuente: “La sintaxis de la imagen.” D. A. DONDIS. 

(adjuntar archivo pdf titulado: dondis-la-sintaxis-de-la-imagen.pdf).

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